A partir de recibir correos masivos religiosos, y a través de algunas conversaciones, concluyo que la visión de Dios más primitiva, aquélla más ligada a la religión cristiana, sigue muy fuerte entre muchos de mis conocidos. Incluso, existe una fuerte tendencia a rechazar una visión más "naturalista", más universal e incluyente. Tal vez la razón sea, en efecto, nuestra ignorancia sobre el real significado de estar vivos, de no estar claros qué hacemos aquí, y por qué hemos de padecer sufrimientos o tener momentos de alegría.
Dios y el debate
Lo cierto es que Dios sigue siendo un tema de debate para los profanos, y de respeto para los más religiosos. Es un tabú que despierta pasiones, polémicas y desacuerdos.
Dios ha sido la causa de muchas muertes en la historia humana, y no se ha logrado una explicación que satisfaga a todos.
Lo cierto también es que el pensar a Dios como algo que está ahí, siempre cerca de nosotros, nos permite sentirnos acompañados ante la pesada incertidumbre que significa el estar solos en el universo.
Nos sabemos insignificantes y muy frágiles, y necesitamos la Fe de que algo siempre nos protege, nos guía, nos ilumina.
La idea de Dios no se puede razonar para algunos, porque tal vez debiera ser "sentida". Tal vez la exaltación del sentimiento por encima de la razón sirva, pero no siempre. Está demostrado que el sentimiento, sin la guía de la razón puede llevar a la destrucción de unos por otros. Y, aunque vivimos tiempos tumultuosos, donde las creencias se diluyen y el Dios Dinero se apodera de muchas mentes, la Fe sigue siendo un parámetro, una guía y una luz ante un mar de incertidumbres.
Ciencia y conciencia
Sin duda, ni la ignorancia ni la ciencia, nos han ayudado mucho a resolver el tema de Dios. Ya algunos científicos prominentes han tratado de demostrar su inexistencia. Sin embargo, en honor a la verdad, parece que la Ciencia basada en el método científico, sigue siendo muy rudimentaria para explicar el complejo proceso de la vida humana. Y hablo sólo de la humana, porque los animales no requieren de creer, ellos "viven"; así de espantosamente simple. Las plantas reciben al sol todos los días, el animal, el microbio, las bacterias viven en sus propios universos, dentro de nuestro propio y egoísta universo.
Nosotros, al parecer, hemos desarrollado una "conciencia" de textura distinta a la mayoría de los seres vivos que conocemos. Sin embargo, dicha conciencia, pareciera que nos alejó del paraíso, y nos hizo morder la manzana de la duda: ¿quién soy?, ¿para qué vivo?, ¿a dónde voy?, ¿por qué morimos?, etc.
Es decir, parece que algo o alguien, nos puso una trampa. Nos bajamos del paraíso mítico, para estrellarnos con una "realidad" que algunos cuestionamos, y ante la cual nos sentimos frágiles y desnudos. Necesitamos ahora, ante tal trampa, crear dioses, porque no hallamos cómo explicar lo que estamos viendo, lo que sentimos, lo que vivimos: la cosa se nos ha complicado.
Aterrizando a Dios
Tener conciencia pareciera ser un "regalo"; pero, a decir verdad, ha servido más para que, a diferencia de los animales, tengamos dudas sobre nuestra posición en el universo. Dicha duda me impulsa a "Creer", y a ver nacer a "Dios". Pero debido a la dificultad de aprenderlo con las manos, requerimos de "aterrizarlo", darle forma física: entonces, en algún momento de nuestra historia, consideramos que si los árboles son fuertes y poderosos, gigantes y proveen de sombra, y que además se dirigen al astro el Sol, entonces son más fuertes y dignos de ser adorados. Consideramos también que si el sol permite la vida, es porque es más poderoso que nosotros, y hay que adorarlo. Y así sucesivamente con cada aspecto de la existencia. Hemos requerido de un "algo" que sea superior, que nos provea de certidumbre ante nuestra frágil condición, ante la cual somos testigos conscientes, a diferencia de los animales o las plantas.
¿Qué hacer entonces?, ¿hemos de crear nuevos dioses cada vez más exigentes?
Dios, la guía moral
Llega un momento en que vemos una cruda realidad: nos seguimos matando unos a otros, sin razón a veces. Entonces nos damos cuenta que requerimos de guías. Vivir en grupo nos obliga a creer en algo más que evite el realizar conductas que dañan.
Pero no es suficiente una ley desligada de lo poderoso, de lo divino, desligada de un Ser Superior en el que todos creamos. Por lo que nace la necesidad de ligar las leyes humanas con el Dios creador (según la religión que sea seguida). Un Dios censor que nos castigue ante ciertas conductas. Creamos un Dios a nuestra semejanza, pero que sea superior, cuyo fundamento sea la severidad y el amor. Entonces el miedo ante él se convierte en la guía.
Este Dios ha nacido para guiarnos y protegernos, pero también para castigarnos. Entonces hay que seguirlo, y aquel que se salga del camino puede ser peligroso, por lo que hay que censurarlo, castrarlo y erradicarlo. Hay que encerrarlo o quemarlo antes de que cambie todo lo que se ha hecho.
Dios y la razón
Sin embargo, más tarde, después de miles de años, la razón llegó, como un nuevo Dios, y se instaló. Ahora. Ésta cuestiona a aquél Dios, y pregunta por él: ¿cómo fue creado?, ¿quién fue el responsable?, ¿porqué ese Dios y no la razón y la ley laica como guías? Cuántas preguntas que la misma razón ha de fallar en encontrar (el estado de derecho adolece de problemas para meter a todos en el mismo rasero).
Sin embargo, tampoco la combinación entre razón y sentimiento ha dado muchos resultados. En contradicción, la razón ha resultado ser el camino más seguro. Tal vez un poco de amor y un poco de razón, para no caer en el dogmatismo, ni en el racionalismo pragmático extremo, serían una solución temporal.
La aclaración: creencia o certeza
Estamos en un punto donde la creencia y la certeza se han dado un tope que no ha encontrado un punto de quiebre. Estas ideas, nacidas a partir de correos electrónicos relacionados con un Dios, me impulsaron a dar el rodeo anterior, para aclarar lo siguiente.
Comienzo con una afirmación categórica: creencia significa que no se tiene clara la existencia de algo, hasta que lo comprobamos, y sólo así deja de ser creencia para pasar a ser certeza. Yo tengo la certeza de que existen leyes universales, mecanismos complejos de causas y efectos que permiten el devenir de nuestras existencias. Para mí, NO existe un Dios antropomórfico que nos vea (absurdo); CREO que existe una especie de conciencia en la que la vida toda está sumergida--incluso nosotros--; es como si, por analogía, estuviéramos en un océano y respiráramos su agua, la tomáramos e intercambiáramos sus flujos a través de nuestros poros.
Es decir, vivimos sumergidos y estamos mezclados con un mar de energía, y nuestros pensamientos crean a cada momento nuevas realidades cada vez. Dios es eso, si así se le quiere llamar.
De la utilidad de orar o meditar
Cuando oramos, meditamos o pedimos, lo que hacemos realmente, según mi conclusión, es acercarnos las energías que son afines a esos pensamientos, y dichas energías generan efectos, que en otro lado serían llamados "milagros" o que "Dios nos hizo caso".
El ejemplo aquel donde se toca un diapasón y de inmediato aquél material que vibra en su tono, comienza a vibrar también. Esto es ponerse a tono con cierta frecuencia, y puede explicar algo más.
La diferencia que tenemos con el diapasón, es que nosotros somos más complejos, somos una melodía, y cada uno vibramos de manera distinta, y nos entonamos con todo aquello que vibra igual, en una canción más grande y compleja que lo inunda todo. Así de simple, así de extraño.
Espero se haya comprendido mi visión de DIOS.
Finalmente, ORAR es bueno y si sirve, si comprendemos su mecanismo, posiblemente sea un elemento más para desear practicar la oración o la meditación.
Sin embargo, existe una probable paradoja final en esta última idea: tal vez, el hecho de pensar con la razón lo que es en "realidad" Dios, diluya el efecto milagroso de la energía de éste en muchos aspectos de nuestras vidas.
A lo mejor, permanecer con los ojos cerrados, y dejar la Fe como el elemento que cargue con toda nuestra energía, cual Aleph, sea más efectiva para lograr aquello que la razón no alcanza a comprender, y no nos sintamos tan solos. No lo sé.
Un abrazo.

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