El nombre tomado de un texto de Rimbaud y su “ametralladora” alude a algo que parece no tener forma de parar, la economía de mercado que se lleva todos los días de nuestra vida y sobre nuestras cabezas, para soportar la carga de un puñado de megaricos que toman las decisiones del mundo.
Un texto que preocupa, pero que invita a la reflexión y a la toma de consciencia, aspecto que si desarrollamos es nuestro deber traspasar a los otros, a nuestros hermanos y hermanas en el mundo subdesarrollado.
El empleo como una forma de pérdida, el desempleo que da ganancias de esos que tienen que seguir existiendo aunque estorben (la paradoja de la tecnología vs la mano de obra humana).
Las brechas de la tecnología, los términos financieros y legales, tras de los cuales los detentadores del verdadero poder se escudan, acrecentando sus bolsas, utilizando leguajes crípticos, lejanos a nuestro entendimiento cotidiano.
Sin embargo, el hombre común, de calle, resiente todos los días el rigor de la realidad que se oculta tras los medios de comunicación, ocultos tras los grandes aparadores de costosos productos, tras edificios brillantes y gente con zapatos lustrosos.
Ese individuo común que resiente en sus bolsillos el pesar de la “moneda” que nadie sabe exactamente de dónde llegó para instaurar su dominio, o quién decidió cambiar el antiguo modo de hacer las cosas por uno más versátil y flexible, la moneda (cuyo valor se sustentaba, creo que hasta ahora, en el dólar, y que ahora regresa su soporte en oro).
Es así, que el horror económico es aquél en el que las personas comunes estarán junto con sus hijos y los hijos de sus hijos, inexorablemente atados a un sistema estructurado de forma piramidal, donde unos cuantos toman todos los dìas decisiones basadas en la ganacia, y donde lo que menos se requiere es de mano de obra, de empleados.
Así, el individuo tambièn vive en la eterna esperanza de un mejor futuro, ese que le vende el demagogo y el empresario explotador.
Las empresas de empleo se hacen de ganancias con los desempleos (OCC, laborum, Bumeran). Y los desempleados deben trabajar para encontrar trabajo. Viviane Forrester (El Horror Económico) lo ejemplifica cuando aborda el tema del desempleado francés, que debe trabajar buscando trabajo, pero sin hacer ninguna otra cosa, bajo amenaza de perder el subsidio que el Estado le ofrece.
El texto de Viviane podría ser desalentador, pero también puede potencializar la energía de los dormidos y de los adormilados, el problema y la paradoja: los dormidos están conscientes de que no desean saber lo que pasa, no desean leer, no quieren saber. Es como el gorila enjaulado que ya se derrotó de antemano, Viviane lo señala cuando menciona que ya muchos han nacido rendidos de antemano.
Viviane Forrester, El Horror Económico, FCE, 2. Ed. 1997
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